2.3.17

Gabriel Cualladó

La estancia parece ser a simple vista un salón de banquetes; en primer término fuera de foco, se adivina parte del respaldo de una silla de madera, de esas plegables. Al fondo, una columna blanca divide el espacio asimétricamente. A su derecha la mitad de un camarero o quizás de un pinche aparece con cierta timidez; impecablemente vestido de blanco, sólo su pajarita y la parte baja de su pantalón y zapatos que asoman bajo el largo mandil destacan de la pared del fondo, también blanca. A la izquierda de la columna se extiende una barra de bar (más blanca incluso que la columna y la pared) interrumpida por una figura que se aprecia cansada por su gesto y por su pose. Es un hombre con un frac negro que descansa apoyado en la barra, con la mirada perdida.

Esta es la primera fotografía que conocí del Maestro Gabriel Cualladó.


Camarero en la boda de Penella, 1966




Gabriel Cualladó (Massanassa, 1925 – Madrid, 2003) fue un fotógrafo amateur autodidacta (él mismo se declaraba así) que comenzó realizando sus primeras fotografías a su primogénito allá por los años 50 en Madrid, a donde se había trasladado a trabajar a los 16 años.

Así empezó todo, con una Capta fruto de sus ahorros y adquiriendo (imagino devorando) ejemplares de Arte fotográfico, con su hijo como modelo y una creatividad y una curiosidad que han hecho de Cualladó uno de los grandes fotógrafos españoles de la segunda mitad del siglo XX

A mediados de los 50 accede a la Real Sociedad Fotográfica, tendría unos 28 años siendo de los miembros más jóvenes y al Grupo AFAL, para a finales de esa época formar “La Palangana” y más adelante dar salida a la conocida como la Escuela de Madrid. Esto está escrito muy deprisa, por lo que voy a citar textualmente a Cualladó “Empecé a frecuentar la sociedad casi al mismo tiempo que Francisco Gómez y pronto hicimos amistad. / Conocimos a Leonardo Cantero. Nosotros éramos unos principiantes y Leonardo era ya un fotógrafo con una larga experiencia, nuestras inclinaciones fotográficas eran coincidentes en muchos sentidos / … Poco después de esta exposición (se refiere a la de Terré-Miserachs-Masats 1957) vino a Madrid Masats con el deseo de abrirse paso en el campo de la fotografía profesional. Como tarjeta de presentación traía un reportaje que había hecho en los San Fermines / … Recuerdo que aquel día nos fuimos a un café para ver con detenimiento aquel trabajo. A mí me dejó impresionado la gran belleza de aquellas imágenes. Me recordaba mucho lo que hasta entonces había visto de Cartier Bresson, tanto en los encuadres, en la oportunidad del disparo e incluso en el positivado de tonos grises plata / … Desde entonces nos reuníamos el grupo que se había formado compuesto por Mastas, Cantero, Gómez, Rubio Camín y yo. El punto de cita era la Real, pero después continuaba la charla bien en un bar o algún restaurante / Transcurrido algún tiempo, no mucho, vino de Barcelona Francisco Ontañón, procedente de un grupo formado por Galí, Ontañón y Cubaró. Era un fotógrafo amateur que quería pasar al campo profesional. / Ontañón se incorporó inmediatamente al grupo, al que en broma  Masats había bautizado con el nombre de La Palangana” Hasta aquí las notas de Gabriel.

Posteriormente a lo ocurrido en esta cita de Cualladó, se forma la denominada Escuela de Madrid a la que pertenece junto a los fotógrafos Francisco Gómez, Francisco Ontañón, Leonardo Cantero, Ramón Masats, Fernando Gordillo, Juan Dolcet, Gerardo Vielba y Sigfrido de Guzmán y al igual que con La Palangana, se suceden cambios o reestructuraciones dentro del colectivo.

Cualladó (afirman quienes le conocieron) trabajó con una ética personal impecable; fue un fotógrafo cercano, directo, que retrataba las personas y los objetos tal y como los sentía. Al igual que otros fotógrafos contemporáneos como los antes citados (y más, hubo más…) fue capaz de romper con la estética pictorialista de la época predominante en España, trabajando con firmeza en la renovación de la fotografía costumbrista hacia una fotografía humanista, sintiéndose influenciado por los clásicos internacionales.

Un fotógrafo amateur como antes decía, de gente anónima, con una habilidad y sensibilidad impresionantes para el retrato “no intervengo en la actitud de los sujetos que fotografío. Es más bien al revés: es la actitud de ellos lo que me da la clave de si la imagen me interesa o no” su obra se centra en las personas y si no las hubiera, deja constancia de alguna forma de la huella humana en ella; su obra sin personas es escasa.

Con un uso mimado de la luz, casi Velazqueño como leí hace unos años a raíz de su exposición en el Palacio de la Aljafería, 2009; sus imágenes tienen esa magia que te transporta automáticamente al momento y al lugar de la toma, de alguna forma “te enganchan”. Repasas su obra y te das cuenta de que sí, que hay mucho Velazquez en sus retratos, y miradas que te hablan, gestos que susurran o escenas que te traspasan, como “Vieja en la estación”, 1957. Su interés se centraba en la intensidad, en la profundidad, en que la personalidad del retratado fuese lo único reflejado, lo primordial; procurando que su personalidad como autor quedase lo más oculta posible. Y lo consigue reflejando perfectamente en su obra tanto la atmósfera como la manera de estar de sus personajes, con pureza y aparente sencillez. “Me interesa que en el momento del retrato el personaje esté tranquilo, reposado, en perfecta armonía con lo que le rodea, que no perciba en absoluto que hay invasión alguna en el acto fotográfico.”

Distingue dos pasos en su trabajo a la hora de componer un retrato, el primero evidentemente es el disparo. Pero es el segundo paso el que confiesa de máxima importancia; la selección meticulosa de los negativos y el positivado, en el que interviene de forma que destaquen las luces que a él le interesan.

Le gustaba considerarlos ensayos más que trabajos “Creo que esa expresión abarca algo más que un simple reportaje y expresa una intención de profundizar y de sugerir un mayor número de cosas y de mostrar elementos no perceptibles en un trabajo más superficial”

Cualladó fue pionero en el coleccionismo fotográfico en nuestro país; comenzó seleccionando imágenes de las revistas que guardaba en carpetas, lo que le condujo a coleccionar fotografías originales de autores como Avedon, Cartier-Bresson, Weston, Doisneau, Cameron, Siskind, Brian Griffin, Jan Saudek, Paulo Nozolino o Ramón Masats entre otros.

Premio Nacional de Fotografía en 1994, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1998, Premio Europa de fotografía, Premiado por la revista norteamericana Popular Photography en 1959 o el Premio al mejor fotógrafo europeo del Museo de Fotografía Cine y Televisión de Bedford en 1991 son parte de los premios recibidos por Gabriel Cualladó.

Cuenta como anécdota que la primera vez que amplió una fotografía… de allí no salió nada, no conseguía entenderlo; desesperado tomó una segunda hoja y fue cuando se dio cuenta que había estado intentando positivar la cartulina protectora. Era la primera vez que se metía en el laboratorio, su primer positivo. Con él consiguió un áccesit.

Cualladó es uno de los grandes maestros de nuestra fotografía. Un fotógrafo amateur que consiguió transgredir en una época compleja, aportándonos esa visión personal que capta atmósfera e identidad sin intervención y con una fotografía que basa en la sencillez nos traslada a la escena sumergiéndonos en ella. Cualladó es uno de los “culpables” de que nuestra forma de mirar y entender hayan cambiado.




Vieja en la estación de Atocha, 1957



Niño con ramo de flores (Madrid), 1950


Hija del pintor, 1985

Niña de la rosa, 1959


José Luis (El Fitu, Asturias), 1975


Gitanilla (Asturias), 1978

Bodega en Asturias (Sobrepiedra), 1958


Cervecería Alemana (Madrid), 1960



Mujer de Penella, 1966



Felicidad, 1975-1976


Retrato de Clemente, 1958


Retrato de mi padre, 1966


Rue de la Paix, 1962


El Rastro, 1980-1981

Sillas en la playa, 1956


Fifí (Arriondas, Asturias), 1960


Miguel Ángel, 1959


Niños movidos, 1958

Autorretrato en camiseta, 1958


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